D. Jorge de Arco, ganador del XXI Premio Alhoja de Oro de Poesía (2013)

Nació en Madrid en 1969 y ejerce como Profesor Universitario de Escritura Creativa y Literatura Española.

Es licenciado en Filología Alemana por al Universidad Complutense, además de su labor como poeta, es traductor y ejerce la critica literaria en muy distintos medios. - Pertenece a la Asociación Española de Críticos Literarios (AECL).

Ha recibido diversos de premios poéticos como el, “San Juan de la Cruz”  “Vicente Aleixandre”, “Villa de Aoiz”, “Fray Luis de León”, “Ciudad de Alcalá”, “Santa Teresa de Jesús”, “Ángel García López”, “Villa de la Roda” entre otros.

Su sexto poemario publicado lleva por título Las horas sumergidas (Algaida, Sevilla, 2013), galardonado el pasado mes de febrero con el Premio Nacional “José Zorrilla”.

En noviembre de 2010, vio la luz su primer poemario infantil, Con el balón en juego, editado por Hiperión en su colección Ajonjolí

Es Director de la Revista Poética “Piedra del Molino”.

 

Quien cruza esta nostalgia

 

Nunca un silencio fuera tan tenaz y elocuente.
Está todo a la espera, y el viento se ha dormido.
Quien cruza esta nostalgia no soy yo, sino el otro:
el que viene conmigo.

El que no me recuerda cuando digo mi nombre,
el que sueña mi sueño con un sueño distinto,
el que no teme al hielo de este invierno acechante,
y tirita de frío.

Blanca, cruje la tierra bajo su peso leve;
con frágil paso pisa, con frágil paso piso.
Fantasmal y celeste, canta un ave aterida
en el olmo aterido.

¿O es un ángel sin alas el que dice su canto,
el que dice su pena? ¿O acaso soy yo mismo?
Yo no me reconozco (él no me reconoce),
si paseo contigo.

O, mejor, con tu sombra, con la que un día fuiste,
con lo que fuiste un día: refugio, amor, olvido.
(Olvido de otros llantos, de otras desolaciones,
de otros errores míos).

Llueve sobre mis hombros. La lluvia es un consuelo.
Después de la tormenta, vuelve el escalofrío.
Pero tú no. Tú nunca volverás a mi lado,
porque yo ya no existo.

Porque tú ya no existes. Ni el río. Ni este pueblo.
Las chimeneas gimen remembranzas y exilios.
Las casas se han borrado, igual que un dedo borra
la pizarra de un niño.

Mira: Yo soy el otro. Pero tú eres la misma.
En la piel de mi historia dibujaron tu signo,
y allí sigue, latiendo como una profecía,
indeleble y maldito.

Indeleble y bendito, quizás. Mas ya no importa.
En las tejas, oscuro, se ha deshojado un mirlo.
O acaso sea tan sólo una forma irredenta,
rencor desvanecido.

Febrero es este gélido paisaje que ahora cruza
un hombre que ya vive su destierro infinito.
Déjale. No le toques ya más, que así es la diosa
que trazó su destino.