Dª María del Carmen Mestre, ganadora del XVIII Premio Alhoja de Oro de poesía (2010)

Nació en Felanitx (Mallorca). Es licenciada en Filosofía y Letras.

Por espacio de cinco años trabajó en Radio España de Barcelona y posteriormente en Radio Mallorca como guionista.

En 1968 pasó a dedicarse a la enseñanza y se jubiló como profesora de lengua y literatura en un instituto de Palma de Mallorca.

Ha obtenido diversos premios literarios, entre ellos, en narrativa:

  • El Premio Nacional de Narrativa del Ministerio de Educación.
  • Premio \"Nueva Gente\" de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.
  • Cuatro Huchas de Plata, en narrativa breve.
En poesía ha obtenido los premios
  • Premio \"Alcaraván\"
  • Premio \"Ángaro\" de Sevilla
  • Premio \"Virgen del Carmen\" de la Armada.
Tiene publicados los poemarios \"Algo que declarar\", \"Solo para todos\", \"La estación tardía\" y en prosa, \"Los demás no cuentan\".

 

 

 

CENIZAS DEL NAUFRAGIO

 

LEMA: Piedra ofrecida

 He arrastrado mi vida hasta aquí, 
piedra ofrecida... 
Odysseas Elytis

Heme aquí, en esta cárcel de los tiempos, 
como un reloj de arena cuyo vidrio 
va mostrando lo poco que le queda; 
como piedra que no llegara a estatua 
y no puede clamar lo que precisa 
y llora por las grietas su amargura 
pues carece del don de la palabra.

A la espera de hallar nuevas conciencias,
arranco las aldabas de mi piel
para que nadie más llame al encuentro,
agotado mi ser entre las brasas
de aquel primer amor desvanecido,
de lo que fue canción y ahora convoca
un silencio de peces abisales.


Los enigmas me abrieron sus secretos 
aunque no haya podido descifrarlos.
Supe de la nostalgia, del vacío 
infinito, tan cruel que nos desborda 
con su inmensa cascada de penumbra; 
va derramando sus oscuras aguas 
sobre los corazones, empapándolos 
de soledades últimas, de lodo 
donde todo resbala y se diluye.


Después de la batalla, unos vergeles 
reconfortan la pena del destierro: 
vivencias y recuerdos enlutados 
por la edad que mustió su lozanía, 
unas ansias de amar y realizarse 
que siguen vivas porque no lo fueron; 
un horizonte que amanece y signa 
con su lumbre auroral y su agonía 
los restos de una noche deslunada. 
Y un olvido de antiguas decepciones 
oculto en las cenizas del naufragio, 
guardado como cofre de monedas 
del que tan sólo un dios tiene la llave.